Prólogo
Cuando dejé de escribir
No sé si este libro habla del destino.
Tampoco sé si habla de casualidades.
Ni siquiera estoy seguro de que hable de una mujer.
Durante mucho tiempo pensé que sí. Creía que esta historia empezaba el día en que una vidente me habló de una rubia que aparecería cerca de mi casa.
Me equivocaba.
Esta historia empezó mucho antes.
Empezó el día en que dejé de escribir.
Durante meses fui incapaz de avanzar una sola página.
Entre la pinza y el alma II estaba abierto delante de mí.
Y yo…
…vacío.
Cada mañana me prometía que escribiría. Cada noche cerraba el ordenador exactamente igual que lo había abierto.
Las palabras seguían ahí.
Pero ya no querían salir.
Llegué a pensar que aquel libro nunca existiría. Que la historia había terminado para siempre.
Y, con ella…
…una parte de mí.
Entonces ocurrió algo absurdo.
Tan absurdo que todavía hoy me cuesta contarlo sin sonreír.
Entré por curiosidad en la consulta de una vidente. Salí con una frase dando vueltas en la cabeza.
Y, pocos días después…
…las palabras regresaron.
No una.
Ni dos.
Todas.
Escribí la segunda parte de Entre la pinza y el alma casi del tirón. Lo que llevaba meses completamente bloqueado empezó a fluir como si alguien hubiera abierto una presa.
No sé explicar por qué.
Y quizá nunca pueda hacerlo.
¿Fue una casualidad?
¿Una simple sacudida psicológica?
¿Una profecía?
No tengo respuesta.
Lo único que sé es que desde aquel día ya no solo escribía historias.
Empecé a vivir buscándolas.
Y fue entonces…
…cuando apareció la rubia.
