Prólogo
Entre la Pinza y el Alma
Me llamo Juanito.
Y tengo un don: siento lo que otros no se atreven a mirar.
Cuando Alma apareció en mi vida, no lo gritó.
Llegó en silencio, como llegan las cosas importantes.
Sin querer llamar la atención… y sin embargo, lo cambió todo.
Había algo en ella.
En su risa, en su sonrisa…
en esa forma suya de colocarse siempre detrás de mí en clase, como si buscara estar cerca sin decirlo.
Ella cree que no lo noto.
Cree que sus miradas se me escapan, que sus nervios no se notan, que ese temblor leve cuando se acerca… se le pasa desapercibido.
Pero yo, que la leo sin mirar, sé que cuando tiembla, es porque algo dentro suyo me llama.
Y luego está su pelo. Siempre recogido con esa pinza. Una pinza que se volvió símbolo. Una bandera suya que yo miraba con detalle, como si cada hebra sujetada hablara más que sus palabras.
Hasta que un día… no la llevó.
Y lo supe al instante. No por verla, sino por sentirlo.
Me acerqué y le dije con una sonrisa:
— Hoy no llevas la pinza.
Ella se sorprendió. No se lo esperaba.
— No… hoy no la llevo, respondió.
Y en ese segundo, sentí que podía tocarla. Y lo hice. Toqué su pelo. Un gesto simple, pero íntimo, delicado, lleno de intención.
Podía acercarme más. Podía quedarme. Pero no lo hice. Me fui.
Porque a veces, la verdadera magia está en dejar a alguien confundida. En dejarle el corazón latiendo con una pregunta sin responder.
Y esa fue mi jugada.
Este libro es para ella. No sé si algún día lo tendrá entre las manos. No sé si entenderá cada palabra. Pero todo lo que hay aquí… viene de un lugar real.
Porque hay historias que no se gritan. Hay historias que se escriben entre una pinza… y un alma.
