Prólogo
La mirada que no buscaba
No la buscaba. Ni ella lo buscaba a él.
Pero cuando sus ojos se cruzaron en medio de la sala iluminada solo por velas, algo antiguo se despertó.
No fue un flechazo. Fue un regreso.
La energía del reencuentro llegó primero: cálida, pesada, consciente. Como si el aire mismo recordara que ya habían estado así antes, desnudos de máscaras, descalzos de alma.
Ella sintió que el pecho se le abría sin permiso. Él, que el tiempo se doblaba.
Y en ese instante, ambos supieron que la historia no empezaba esa noche. Empezaba donde el silencio, años atrás, se había detenido.
